Mujica Láinez, el hombrecito del azulejo y dos epidemias
La literatura se cruza con la realidad en esta nota en la que el autor recuerda un cuento de "Manucho" con dos médicos famosos por su intervención sanitarista.
La literatura se cruza con la realidad en esta nota en la que el autor recuerda un cuento de "Manucho" con dos médicos famosos por su intervención sanitarista.
En esta crónica el autor advierte sobre el distinto trato que daban unos y otros a los negros a comienzos del siglo XIX.
La historia es refugio de la experiencia. Aquí un artículo que relata cómo llegó y cómo se enfrentó la peste hace un siglo, en Buenos Aires.
A finales del Siglo XVIII, las reservas eran caldo de cultivo de todo tipo de enfermedades y los padres de la Compañía le ponían el cuerpo, ayudando a los naturales y luchando contra sus mitos.
El primero de ese origen en estas tierras, asistió a los habitantes del Paraguay en la letal epidemia de 1590.
El tema de los esclavos como mano de obra fue una necesidad de Buenos Aires desde los primeros tiempos, en 1605 el gobernador Hernandarias pedía a la corona española los permisos correspondientes para introducir negros en el marco de la peste general que asoló estas tierras hacia 1605, haciendo estragos entre los “indios yanaconas, reducidos, encomendados y negros”. Un documento de la época refiere que murieron 500 negros de los 750 que habitaban nuestra ciudad. En una ciudad como Buenos Aires que apenas llegaba a las 2.000 almas entre 1601 y 1615 Enriqueta Vila Vilar consigna la “entrada de 9.825 cabezas”.
El poeta nacional dio cuenta en su obra del martirio en el campo cuando la epidemia se enseñorea de indios y cristianos, sin distinción.
La serie de notas sobre las enfermedades contagiosas que conoció el país sigue con esta sobre la curiosa crónica de hace un siglo, donde es posible reconocer muchas de las vivencias actuales.
En plena pandemia nos referimos a los hospitales más que habitualmente. En esta nota, el autor refresca la biografía de un personaje que merece ser más conocido.
Desde Anchorena a un jesuita y un dominico, el autor bucea en esta serie en los archivos y encuentra interesantes registros de idas y venidas en tiempos de viruela.
En 1803, una serie de medidas para volver el viejo esplendor de los jesuitas se habían previsto y De Velasco era la persona indicada para hacerlo.
En un artículo publicado hace unas semanas nos referíamos al general Belgrano y al doctor Favaloro, haciendo un paralelo sobre las preocupaciones con respecto a la educación de éste último, coincidentes con el pensamiento belgraniano. Y también a las preocupaciones de Belgrano por la salud pública, y es el Correo de Comercio que bajo su inspiración apareció en marzo de 1810, un eficaz vehículo para educar a la sociedad de su tiempo y divulgar un tema preocupante como era el de la rabia, que cual las epidemias, el catarro o las gripes comenzaba a dejar muchos muertos en las ciudades y en la campaña.
Después del "hombrecito del azulejo", el autor encara en este artículo otro cuento de "Manucho" sobre los padecimientos de los primeros habitantes de la Ciudad.
Una epidemia a finales del siglo XVIII obligó a las autoridades en Asunción a tomar medidas drásticas, según los vívidos testimonios de padres de las Misiones.
En este nueva nota de la serie, que recuerda las epidemias del pasado y a sus héroes del pasado, el autor da relieve a otra figura poco enaltecida.
El Libertador de parte de América inició su extensa carrera militar en España, pero poco se conoce de los detalles y las circunstancias de su actuación.
La correspondencia familiar es una fuente inagotable de información y semblanzas de una época. Allí abreva el autor para dar cuenta de las vivencias en mitad del siglo XIX.
Resulta interesante en estos tiempos destacar algunos aspectos de la sanidad en el Ejército auxiliador del Alto Perú.
El populoso partido del sudoeste del Conurbano tiene una historia que el autor relevó en los archivos de los diarios La Nación y La Prensa.
Este presbítero fue uno de los precursores de la vacunación en Argentina y Chile. Funcionario público probo, terminó las obras de la Catedral en 1835.
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